Invasión a Polonia

¿Quieres saber qué sucedió en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial? ¿Cómo se desarrolló la invasión de Polonia por parte del ejército alemán?

Como hemos contado en este otro artículo, aunque las hostilidades reales comenzasen unos días antes, los libros de historia marcan el 1 de Septiembre de 1939 como el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Si quieres saber cómo ocurrió, sigue leyendo!

La Calma antes de la Tempestad

El aire se ha vuelto pesado e irrespirable. Cae una débil llovizna. La noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 1939 es impenetrable y no se divisa ni una estrella. Las tropas alemanas aguardan por doquier, a lo largo de la sinuosa frontera germano-polaca, desde la Alta Silesia hasta las costas bálticas del Este de Pomerania y el Sur de la Prusia Oriental. Los soldados se mantienen a la expectativa en sus posiciones; a las 4.45 debe comenzar el ataque contra Polonia. 

La luz de una linterna ilumina un reloj de pulsera: las 4.30. Todavía quince minutos de espera. Al final llega el momento señalado. De pronto se oye el disparo de un cañón, luego el silbido del proyectil y el fragor de la explosión. Es la señal dada por la artillería pesada alemana.

Planificación de la Invasión a Polonia

A primeras horas de la mañana se encontraba en torno a la mesa de mapas el Estado Mayor del Grupo de Ejércitos (H. Gr.) Sur, presidido por el general von Rundstedt y el jefe de operaciones, general von Manstein. Su cuartel de mando se había montado en el convento de la Santa Cruz, cerca del rio Neisse. El 31 de agosto se fijó como Día Y, la fecha del 1 de septiembre de 1939. Y significaba «Agresión a Polonia sin previa declaración de guerra».

El 25 de agosto se había señalado el ataque para el día 26, pero por motivos políticos la orden se anuló definitivamente el mismo 25. Este cambio de planes obligaba ahora al viejo Rundstedt y a su jefe de Estado Mayor a esperar hasta la medianoche, por si el Führer decidía cambiar de nuevo su «decisión inamovible«.

Del Alto Mando de Zossen, cerca de Berlín, no llegaba ninguna contraorden. Allí aguardaban el comandante en jefe del Ejército, von Brauchitsch y el jefe del Estado Mayor, general de Artillería Franz Halder, junto con la alta oficialidad del Grupo de Ejércitos Sur, que llegase alguna noticia del frente a las frescas habitaciones de la casa de formación de misioneros católicos en que se albergaban.

En los partes correspondientes al 1 de septiembre se anotó: La Wehrmacht ha emprendido la salvaguardia activa del Reich y ha iniciado la contraofensiva…

Fuerzas del Ejército Alemán en la Invasión a Polonia

El general von Rundstedt, de 64 años, al que se había llamado de su retiro, y su jefe de Estado Mayor, analizaban las operaciones sobre los mapas. Su Grupo de Ejércitos se aproximaba, con tres Ejércitos, desde el sur hacia el norte; el 14, el 10 y el 8, con un total de 886.000 hombres.

El Ejército 14, cuya ala derecha se extendía por el Este de Eslovaquia, habría de ocupar las posiciones fronterizas polacas de la Alta Silesia oriental y penetrar en la Galitzia hasta las orillas del San.

El Ejército 10, integrado por Divisiones acorazadas y motorizadas y dotado de 300.000 hombres al mando del general von Reichenau, junto con el Ejército 8, el más débil, en el ala izquierda, debería partir de Silesia.

El Ejército 10 habría recibido la orden de penetrar 300 kilómetros hasta el Vistula. Se pretendía que ambos cuerpos armados se enfrentasen con el enemigo a orillas del rio y tras la batalla, avanzasen hacia el este. 

En la parte septentrional se situaba el Grupo de Ejércitos Norte con un total de 630.000 hombres mandados por el general von Bock. Estaba formado por dos Ejércitos: el Ejército 3, en Prusia Oriental, y el Ejército 4, en el Este de Pomerania. Su cometido era el de aniquilar desde el este y el oeste, la resistencia de las fuerzas polacas en el corredor (hasta 1918 de Prusia Occidental), establecer un nexo entre el Reich y la Prusia Oriental y facilitar así la conexión con el ala izquierda de la Prusia del Este, sobre el Narew y el Bug, que se situaría a espaldas de las tropas polacas. 

El ataque desde Prusia Oriental sobre la retaguardia de los polacos fue una idea de Hitler. Por lo demás, aquel mismo mes el Führer había cedido al Alto Mando del Ejército la dirección de la contienda: ¿sería la única vez en la gran guerra que comenzaba? 

¿Y el enemigo? Ni Brauchitsch, ni Halder, ni Rundstedt, ni Manstein tenían una idea clara sobre la movilización y efectivos en cada uno de los sectores del Frente.

Fuerzas de Polonia a 1 de Septiembre de 1939

Polonia disponía de más de 38 Divisiones de Infantería en pie de guerra, 11 Brigadas de Caballería (¡orgullo de aquel Ejército casi feudal!), dos Brigadas motorizadas, y las unidades del cuerpo de fronteras. Apenas 600 vehículos acorazados polacos y algunos Renault y Fiat-Ansaldo modernizados tendrían que enfrentarse a una formidable fuerza Alemana formada aproximadamente por 3.200 carros de combate. El desequilibrio entre ambos bandos era más que evidente.

La 4ª. Luftflotte alemana (Grupo de Ejércitos Sur), y la 1ª ( Grupo de Ejércitos Norte) disponían en total de 3.234 aparatos de los tipos más modernos, entre ellos los nuevos cazas en picado, mientras que los polacos tenían solamente 842 aviones. 

En 1938 el director de la academia militar polaca, general Kutrzeba, había trazado un plan. Según este, había que defender a toda cosa la región comprendida entre la zona industrial de la Alta Silesia, el Vístula y el Warta como medio de reducir la influencia de Berlín sobre el espacio del Poznan. La línea aérea Poznan-Berlín cubría 240 kilómetros.

En marzo de 1939 aquel plan fue ampliado y trivializado. El mariscal Rydz-Smigly, jefe supremo del Ejército polaco y al tiempo máximo dirigente político de una República en permanente dictadura militar, pretendía defender la línea del Narew, al norte, un corredor prácticamente indefendible. De acuerdo con este plan, en agosto de 1939, ocho Ejércitos o grupos de operaciones de diversa magnitud – el mayor Ejército en la zona de Poznan- quedaron en situación de marcha o concentración, y a ellos se unirían tres Ejércitos de reserva. La frontera oriental con la Unión Soviética quedaba desguarnecida.

En Varsovia se conocía, lógicamente, el pacto germano-soviético de no agresión, firmado el 23 de agosto de 1939, pero desde 1932 Polonia disponía ya de un tratado similar con Moscú. Lo que no conocían ni el mariscal ni el Gobierno era la existencia de un protocolo secreto aplicable en caso de una guerra entre Alemania y Polonia. Pero los militares alemanes tampoco tenían noticias de tal protocolo.

¿Cómo se desarrolla el ataque?

En el cuartel general de Zossen, cerca de Berlín, el general Halder anotó con gran perspicacia el 31 de agosto: «No se puede excluir que los rusos marcharán sobre nosotros si tienen ocasión»

¿Existiría realmente esta ocasión? En su albergue, en el convento a orillas del Neisse, Rundstedt y Manstein se preguntaban cómo se desarrollaría la operación. El Ejército se había formado precipitadamente, los jóvenes oficiales y soldados carecían de experiencia bélica. La participación en la lucha de carros controlados por radio era algo que aún no se había ensayado prácticamente. Mientras las horas se iban sucediendo. «La tensión llegará a su punto máximo cuando llegue la primera noticia», escribía Manstein.

Primera sorpresa para los alemanes: la niebla impidió el ataque aéreo contra la aviación y la red de comunicaciones de Polonia, previsto para el 1 de septiembre. La mayor parte de los aparatos de la 4ª Luftflotte, en el sur pudieron despegar, mientras que la 1.ª apenas logró movilizar el treinta por cierto de sus efectivos. A pesar de todo, en la casa conventual a orillas del Neissen, los nervios se relajaron. El ataque se desarrolla con normalidad..

En el norte, el general Heinz Guderian, creador de las modernas fuerzas acorazadas alemanas y defensor de la importancia de los carros blindados en la decisión de la batalla, avanzaba en el frente del XIX Panzerkorps desde la Pomerania Oriental a lo largo del corredor, en dirección al Vístula.

Guderian se había hecho preparar un vehículo oruga como carro de órdenes y recorría el camino hacia la 3ª Panzerbrigade. Una granada polaca explotó a cincuenta metros de él. Guderian ordenó al conductor que girase. El soldado se puso nervioso y fue a dar con el carro de órdenes en una zanja: el eje anterior del vehículo quedó combado. El «rápido» Heinz, hombre propenso a la cólera, se puso terriblemente furioso. Por lo pronto tendría que ordenar que le dispusiesen un nuevo carro como puesto de mando. 

A las puertas de Gross-Klonia, la niebla empezó a levantarse y apareció el sol dorado de septiembre. Gross-klonia, comentó Guderian, había sido antaño patrimonio de su bisabuelo, el barón Hiller von Gártringen. Los cañones contracarros polacos abrieron fuego, alcanzando a algunos vehículos alemanes, las primeras víctimas. Como consecuencia del ataque murieron un oficial, un cadete y ocho hombres.

Guderian volvió a colocarse en cabeza cuando por la noche se reunió en consejo, escuchó un informe según el cual una de sus dos Divisiones motorizadas, la División 2 de Pomerania, se hallaba detenida ante las posiciones polacas, bien fortificadas y defendidas. Su comandante quería retroceder, temiendo el ataque de la caballería enemiga. Guderian se quedó, según propia expresión, sin habla. Testigos presenciales cuentan que después gritó al general: ¿Es cierto lo que he oído? ¿Es verdad que los granaderos pomeranos retroceden ante la caballería enemiga?

Los polacos no quieren luchar

El 2 de septiembre de 1939 se reanudó el ataque. Un tren blindado cruzó vertiginosamente hasta Konitz. La Brigada Pomorska de la caballería polaca entró a la carga y atacó con arma blanca y furia incontenible a los carros de la División acorazada 3 berlinesa y, obviamente, tuvo que retirarse con muchas bajas. 

El Ejército de Pomerania, mandado por el general Bortnowski, fue castigado con dureza en el corredor, y muy pocos de sus soldados lograron ponerse a salvo dirigiéndose hacia el sur.

Al tiempo se producían determinadas dificultades en el Ejército 3, que operaba en la Prusia sudoriental al mando del general von Küchler. El ataque de la Infantería se detuvo ante las líneas fortificadas polacas en la zona de Malva, a pesar de contar con la asistencia de la artillería, unidades acorazadas y fuego aéreo. Tras haber roto la resistencia polaca en el corredor, debería alcanzarse el objetivo mediante una maniobra envolvente. 

El Ejército 10 gozaba el 1 de septiembre de un tiempo otoñal suave y soleado. Al día siguiente, 2 de septiembre, y en las fechas sucesivas, la aviación alemana se alzó con el dominio absoluto del espacio aéreo polaco. Fue una etapa decisiva para Manstein. «Polonia no estaba todavía preparada para la defensa, se encuentra sin ganas de luchar.» anotaría Halder en su diario.

¿En qué podía confiar aún Polonia? Según los acuerdos militares franco-polacos del 19 de mayo de 1939, Francia se obligaba a participar al lado de sus aliados quince días después de un ataque alemán. El ataque de las fuerzas francesas debería producirse en la frontera occidental del Reich. 

El domingo 3 de septiembre, París y Londres declararon la guerra a Hitler . ¿Y qué ocurrió después? Nada, sencillamente. El mismo día Hitler se trasladó al frente de su tren de mando, como un gran señor que visitara sus tropas en el campo de batalla en los tiempos del Imperio.

El cometido de Brauchitsch y de Halder, y de los generales Rundstedt y Fedor von Bock, todos ellos señores de la vieja escuela, era hacer la guerra… y en esto desconfiaban del Führer. Se mostraban celosos de su oficio.

Hitler vestía ahora uniforme militar, y en su discurso del 1 de septiembre ante el Reichstag había pronunciado aquellas fatídicas palabras, dignas de toda consideración: sólo se quitaría el uniforme tras la victoria o no llegaría jamás a vivir el fin de las operaciones… 

Sin duda premonitorio del fin que le esperaba, aunque no fuese el final que le hubiese gustado a Hitler.

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