El Crucero Auxiliar Komet
Crucero Auxiliar Komet

El Crucero Auxiliar Komet

Durante el año 1940, un pequeño mercante alemán navegó por los mares de Siberia hasta alcanzar el Pacífico. Aunque tenía reforzado el casco, la hélice y el timón, los rompehielos soviéticos le abrieron el paso entre el hielo más grueso. Lo que desconocían los soviéticos es que el buque alemán llevaba camuflados 6 cañones de 150mm y varios antiaéreos y tubos lanzatorpedos. Ese pequeño barco no era un mercante normal, era un crucero auxiliar alemán.

Esta es su historia.

El Komet se prepara

Toda la dotación se afanaba en las tareas a aprovisionamiento de la nave. Del arsenal de Kiel les habían llegado 108.130 proyectiles y 14 torpedos. Además embarcaron casi 300 toneladas de provisiones, 1.150.000 cigarrillos, 46.000 puros, 5.000 botellas de vino y licores variados, 25.000 tabletas de chocolate y 100.000 litros de cerveza. Además de 71 películas, 28 documentales y 540 discos. Una buena intendencia. Les parecía increíble todo lo que podía almacenarse en el pequeño mercante de apenas 3827 toneladas de registro bruto. Teniendo en cuanta además que, debidamente camuflados, tenía 6 cañones de 150mm, 2 de 37mm, 4 antiaéreos de 20mm y 6 tubos lanzatorpedos, de los que 2 de ellos estaban bajo la línea de flotación.

El 15 de junio de 1940 se ordenó fondear el barco para una limpieza general. EL 16 de junio el buque fue honrado con la visita del Comandante Supremo de la Marina, el Gran Almirante Raeder. Toda la dotación, compuesta por 270 hombres entre oficiales, suboficiales y marineros, formó en la cubierta. Raeder quedó encantado con el buque y así se lo hizo saber a todos: «Mis felicitaciones. !Un gran barco, preparado para grandes hechos!»

«Mis felicitaciones! Un gran barco, preparado para grandes hechos!»

El Gran Almirante Raeder a la tripulación del Komet

El discurso del Gran Almirante no podía acabar de otra forma que no fuese con los tradicionales HEIL!. Siempre había que llevar al pueblo alemán y, por supuesto, al Führer, en el corazón.

La tripulación estaba inquieta, sospechaban que algo pasaba pero, excepto el comandante Robert Eyssen y los oficiales de mayor rango, nadie sabía nada.

Poco después de la visita del Gran Almirante se dio la orden de levar anclas. El Komet realizó pruebas de máquinas en el mar Báltico para luego poner rumbo a Danzig. Se aprovechó para montar la artillería y realizar maniobras con la tripulación. En el puerto de Gdynia se embarcaron alrededor de 30 minas magnéticas de 750kg y un nuevo tripulante, el consejero Kröpsch. Aunque muchos en la tripulación especularon con que era su meteorólogo, nada más lejos de la realidad. Kröpsch era su intérprete de ruso.

Mientras se acomodaba al nuevo tripulante en su cabina, el oficial de servicio Eggert ponía a toda la tripulación a trabajar. Había que repintar el barco. Pintaron la obra muerta de blanco, el casco pasó a ser negro y roja la línea de flotación. El Komet pasó a ser el Donau.

El 3 de julio el comandante por fin se dirigió a la tripulación.

«Este es el crucero auxiliar Komet y su misión es la guerra contra los mercantes enemigos. Espero que todos ustedes cumplan con su deber.

Sieg Heil! Sieg Heil! Sieg Heil!

Comandante Eyssen a la tripulación del Komet

Así daba comienzo la increíble singladura del más pequeño de los cruceros auxiliares alemanes.

A través del hielo

Bajo la lluvia se hace a la mar el Buque 45 (según los registros de la comandancia naval) navegando por el Báltico. Su singladura dio comienzo por el Belt y el Kattegat, subiendo por aguas noruegas. Rumbo al canal de Dinamarca para salir al Atlántico.

De nuevo tocó mano de pintura. El buque pasó a llamarse Deinev y se pintaron la hoz, el martillo y las letras URSS.. El pabellón soviético se izó en el mástil.

De momento la navegación transcurre tranquila, con buen tiempo y con los héroes de Leningrado cantando por los altavoces del barco. Poco antes de alcanzar las aguas del Mar del Norte, el nombre se volvió a cambiar a Donau.

El 15 de julio, alrededor del mediodía, el crucero auxiliar fondea en el mar de Barents y enviaron al Mando Naval la comunicación: «Hemos alcanzado el punto ordenado». La respuesta fue un escueto: «Esperen».

Para pasar el tiempo la tripulación se entretuvo pescando besugos y bacalaos. Viendo «Gasparone» y «Es war eine rauschende Ballnacht» en el cine de abordo, y escuchando las voces de Rosita Serrano o Marika Rökk.

Las nuevas órdenes llegarían casi un mes después, el 13 de agosto de 1940. En la sala de comunicaciones, el teniente de navío Wilkening, recibe la nueva orden del Mando Naval: «Los rusos ruegan al ‘Donau’ que ponga rumbo al estrecho de Matochkin donde le espera el rompehielos Lenin».

El crucero auxiliar levó anclas y puso el rumbo ordenado. Los prácticos rusos Sergievski y Karelski subieron a bordo a la llegada al estrecho de Matochkin. Fueron informados de todos los detalles técnicos del buque, calado, tipo de hélice, maniobrabilidad, protección contra el hielo.

Desde algún lugar en medio del hielo, el Lenin envió un mensaje al crucero auxiliar: «Calurosa bienvenida. Damos instrucciones especiales para la navegación por el estrecho de Matochkin. Buen viaje.»

Con buen tiempo el buque 45 navegó hasta el extremo oriental del Matochkin. Allí, con el permiso de los prácticos, se organizaron excursiones a tierra aunque los tripulantes volvieron un poco decepcionados. No había nada que ver en la tundra.

De nuevo en marcha, el crucero auxiliar siguió rumbo al este. Aunque se topó con los primeros hielos, fue capaz de atravesarlos sin mayor problema. Tanto el termómetro como el barógrafo comenzaron a descender rápidamente. Los chubascos de nieve y el viento helado azotaban el barco.

Los rompehielos Lenin y Stalin se reunieron con el pequeño buque alemán el 25 de agosto al mediodía. Tanto el capitán Eyssen como el traductor Kröpsch y los prácticos rusos, se trasladaron a bordo del Lenin. Allí fueron recibidos por el comandante Nikolaiev. Posteriormente se trasladaron al Stalin para ser recibidos por el comandante Belousov. Tras estudiar los mapas y la ruta a seguir, los rusos invitaron a los alemanes a una comida en la que abundaron las felicitaciones por la reciente victoria sobre Francia.

Mientras tanto, la tripulación del crucero auxiliar vestía de paisano, manteniendo la farsa de ser un simple mercante alemán bajo mando militar. El Mando Naval no quería que nadie, ni siquiera los rusos, sospechase que se le estaba abriendo camino a través del hielo a un buque de guerra.

Al día siguiente el Stalin levó anclas y se dirigió hacia el hielo seguido del Donau. Bajo un cielo oscuro y una densa niebla, los barcos avanzaban lentamente. Los témpanos de hielo chocaban una y otra vez contra el casco del barco.

Con los faros encendidos y los vigías tiritando de frío los buques avanzaban lentamente. En el puente de mando, supervisando la navegación, se encontraban en todo momento el comandante Eyssen y los pilotos.

El 27 de agosto finalizó la travesía por el hielo y el Stalin se despidió deseando buena suerte al Donau. Desde el crucero auxiliar el telegrafista Fórster envió la siguiente contestación: «Muy agradecidos. Deseamos para todos salud y éxito. Comandante Eyssen».

El Komet puso rumbo a las islas de los Osos a través del Sannikov, dónde les esperaba el rompehielos Kaganovich para abrirles paso hasta la bahía de Chaun. Fue una navegación dura entre densas masas de hielo, fuertes vientos y una niebla muy densa. Los reflectores iban encendidos día y noche para no perderse de vista.

El 3 de septiembre, al fin, superaron la barrera de hielo y los prácticos Sergievski y Karelski se despidieron del comandante Eyssen. Fueron embarcados en el Kaganovich, el cual deseó un buen viaje al mercante alemán.

Desde aquí, el crucero auxiliar, podía navegar sólo. Después de superar alguna que otra situación complicada, el Komet arribó al estrecho de Bering el 6 de septiembre de madrugada.

Habían alcanzado el océano Pacífico, convirtiéndose de este modo en el primer barco alemán que había surcado las aguas de Siberia, en un viaje de más de 3300 millas náuticas y 23 días. Habían navegado 720 millas en medio del hielo.

El océano Pacífico

En el golfo de Anadir se reparó el timón que había sufrido daños en el hielo, además de realizar una puesta a punto de todos los servicios del crucero auxiliar, incluidos las armas. Además se repintó nuevamente para volver a ser el Deinev.

El comandante Eyssen imparte las órdenes: «Rastrearemos la ruta de mercantes de Gran Bretaña. Los ingleses no lo permitirán durante mucho tiempo y saldrán en nuestra búsqueda. Esa es nuestra misión. Cada barco que los ingleses envíen a por nosotros, será uno menos en al Atlántico Norte, en donde nuestros camaradas libran una dura batalla «

Cuando el crucero auxiliar estuvo listo, levó anclas y se adentró en el Pacífico. Fue recibido por una enorme tormenta, con olas inmensas. Para admiración de la tripulación, el pequeño buque, aguantó perfectamente los embates del enfurecido océano y no ocultaban su alegría por estar en un barco tan marinero.

La navegación se desarrollaba con normalidad. Los telegrafistas estaban atentos a todas las órdenes que impartía el Almirantazgo británico a su flota. El telegrafista Julius captó algo que podría ser de interés, el mercante Empress of Asia zarpaba de Tokio, se trataba de un buque de 16.900 tn. De inmediato, el Komet, trató de interceptarlo pero las inclemencias climatológicas no estaban de su parte, acabando en medio de un tifón.

El viento y el agua se filtraban por todas partes, la tripulación se agarraba a cuanto podía para no salir volando. Nuevamente, el pequeño crucero auxiliar salió sin un sólo arañazo.

Como celebración, se organizó una comida especial que incluía asado. Durante la misma se produjo la curiosa situación de que a babor era lunes y a estribor domingo, se encontraban exactamente sobre la linea de fecha.

A medida que fue mejorando el tiempo, la cubierta del crucero auxiliar comenzó a llenarse de sillas extensibles y mesas de ping-pong. La tripulación disfrutaba de una agradable temperatura y una buena comida regada con cerveza fría.

Parecían estar solos en medio del océano, ni un sólo barco. El contramaestre Stange llegó a ofrecer tres días de permiso al que localizase a un inglés.

Navegaban por la concurrida ruta comercial que unía Japón y Canadá, y parecía desierta. El telegrafista Julius se afanaba escuchando las transmisiones de americanos, rusos y japoneses. Pero nada de los ingleses, parecían desaparecidos. Mientras tanto, a bordo, continuaban los ejercicios de entrenamiento. Había que estar preparados.

Reunión de cruceros auxiliares

El Mando Naval alemán envía un telégrafo el 6 de Octubre: «Kulmerland, 2.800 toneladas de petróleo para aprovisionamiento. Punto de encuentro: Lamutrek, Carolinas.» El buque 36, el Orion, también recibió la misma orden.

El 18 de Octubre se produjo una reunión peculiar en el océano Pacífico, los buques nodriza Regensburg y Kulmerland, y los cruceros auxiliares Komet y Orion. Toda una mini flota alemana.

Se trasladaron a bordo todo tipo de víveres, películas, carburante, etc.El intérprete Kröpsch se trasladó al Regensburg, que se dirigía a Yokohama, ya que sus conocimientos de rusos ya no eran necesarios en el Komet.

De nuevo se ordenó repintar el crucero auxiliar, su nuevo camuflaje sería el de un buque japonés, el Manyo Maru de Tokio.

El 20 de Octubre, los buques levaron anclas. Los comandantes acordaron colaborar en su misión, así que navegaban en línea por la ruta que unía Auckland y Panamá.

El aburrimiento se apoderaba de las tripulaciones y apenas podían ocultar su malhumor. Cada uno intentaba pasar el tiempo de la mejor forma posible. Mientras unos se dedicaban a construir cosas, como el cabo Jäger que hizo un modelo de torpedo, otros se dedicaban al arte como el maquinista Scheitzbach que pinto de memoria un retrato del comandante supremo de la Marina.

A primera hora de la mañana el vigía divisó dos mástiles en el horizonte. Por fin llegaba la actividad. Se dio la señal de alarma y todos a sus puestos. La presa, para desgracia de los germanos, no era gran cosa. Habían descubierto al pequeño mercante Holmwood de 564 toneladas, con matrícula de Wellington. Llevaba abordo 1300 carneros, además de 12 pasajeros. Los alemanes transbordaron a la tripulación, los pasajeros y a 310 carneros antes de hundir el mercante.

Un par de días después una nueva alarma. Se vuelve a izar la bandera de guerra germana. En la línea del horizonte se distinguen dos chimeneas que intentan escapar navegando en zigzag. Al mismo tiempo que abre fuego, por la radio se escucha la petición de auxilio del mercante: «Rangitane attacked».

Finalmente, tras recibir 14 cañonazos por parte del Komet, el Rangitane paró maquinas. Esta vez los alemanes habían capturado un mercante neozelandés que, con un desplazamiento de 16711 toneladas, resultaba más imponente que el anterior.

Lamentablemente durante la batalla hubo bajas y heridos, así que se procedió a celebrar las ceremonias de ordenanzas y lanzar los cadáveres al mar.

Los buques germanos se hicieron cargo de la dotación y los pasajeros del Rangitane que estaba formada por 200 tripulantes y 103 pasajeros. El buque fue hundido llevándose con él un cargamento variado de carne, mantequilla y queso.

Diciembre comenzó con buenas noticias para los intereses alemanes. El 6 de diciembre fue localizado el mercante británico Triona, de 4413 toneladas. El día 7 le tocaría el turno al Vinni de 4181 toneladas y matriculado en Noruega. El Komata, con matrícula de Wellington y 3900 toneladas, sería apresado el día 8.

Por su lado, el Orion, interceptó y hundió a los mercantes gemelos Triadic y Triaster, ambos de 6400 toneladas.

Dado que se acumulaban hasta 675 prisioneros de los diferentes mercantes y debido a la proximidad de la Navidad, los comandantes alemanes acordaron desembarcarlos en la pequeña isla de Emirau, perteneciente al archipiélago de las Bismarck. Tan sólo permanecieron detenidos abordo del Orion, en calidad de prisioneros de guerra, los reservistas que se dirigían a Inglaterra. A los demás se les proporcionaron provisiones, armas, munición y hasta un pequeño bote para que pudiesen llegar hasta Nuevo Mecklenburgo en dónde había una pequeña estación de radio.

Los capitanes, oficiales y tripulaciones de los buques hundidos quisieron agradecer el trato recibido y dejaron un mensaje para los alemanes:

«Queremos agradecer las atenciones que nos proporcionaron en todo momento, que han hecho nuestras vidas de prisioneros lo más fáciles posible, dadas las circunstancias. Agradecerles, además, el detalle de desembarcarnos en una isla británica.»

Llegados a este punto, los buques alemanes se separaron. El Orion, con problemas en las máquinas, fue en busca de un lugar tranquilo en dónde fondear y proceder a realizar las reparaciones oportunas. Por su parte el Kulmerland debía volver a Kobe.

El Komet puso rumbo noreste. Mucho sol y poca sombra. Calor sofocante. Ni la más ligera brisa. El comandante dirige unas palabras a la tripulación:

«Un recuerdo para los que quedaron en el hogar. Esperanza de poder pasar en paz y en casa las próximas navidades».

Al final, el comandante recorrió la cubierta engalanada, así como el resto del buque. Cada miembro de la dotación recibió una gran bolsa navideña y un cuarto de litro de coñac. Comida extraordinaria con asado, helado de vainilla, café y pasteles. «Stille Nacht, heilige Nacht! Gottes Sohn, o wie lacht…»

Sin duda, el cielo compadecido envió el segundo día de la Pascua navideña algo de viento y unas gotas de agua. iA ducharse! Por telégrafo, el Mando supremo de la Marina repartió 31 Cruces de Hierro de 2.a Clase. Además se organizó una tómbola con diversos objetos requisados a los barcos hundidos. Botín de guerra.

Tras la fiesta de la paz volvió la guerra. Durante aquellos días el «Manyo Maru» se había acercado a la isla Nauru, que antiguamente había pertenecido a Alemania. De ella salían anualmente alrededor de 800.000 toneladas de fosfatos.

A las 5,45 del 27 de diciembre fue izada nuestra bandera de guerra y Julius transmitió al gobernador de la isla el siguiente mensaje; «Si no hace usted uso de su telégrafo sólo bombardearemos las instalaciones del muelle». Precisamente en el muelle se encontraba reunido un grupo de vecinos que nos dirigía saludos y señas amistosas. El comandante Eyssen ordenó disparar una salva de advertencia y el muelle se despejó al momento.

Poco después sonó la orden: ¡Fuego a discreción! Entre las 6,09 y las 7,30 se bombardearon las instalaciones del puerto y los depósitos de petróleo. Hubo cientos de explosiones, fuego y humo por todas partes.

Mientras tanto, el teniente Doberstein vigilaba desde el telégrafo si se enviaba una petición de auxilio desde la estación de Nauru. Aunque lo único que recibían era la felicitación de Su Majestad la reina dirigía a sus súbditos. Nauru contestó agradeciendo la felicitación.

El crucero alemán abandonó la zona para proceder al repintado y cambio de nombre, ahora pasaba a ser el Ryoku Maru, matriculado en Osaka. El comandante informó del nuevo rumbo a seguir por el buque y no podía ser más idílico: Islas Ellice, Funafuti, Nukulailai, pasando por Samoa hasta la Isla Suwarrow. Iban a disfrutar de buen tiempo, palmeras y arrecifes de coral. Además de la siempre agradable compañía de los delfines.

La noche de San Silvestre la pasaron bebiendo en abundancia y disfrutando de los fuegos artificiales mientras pasaban cerca de Tahití.

Mientras no paraban de llegar telegramas de felicitación. El más importante dirigido al nuevo Contralmirante Eyssen (ascenso merecido para el comandante) y su tripulación que provenía del Comandante Supremo de la Marina: «El Buque 45 debe dirigirse al Océano Índico».

Con estas nuevas órdenes serán 7 las veces que el Komet ha cruzado ya el Ecuador. El comandante Eyssen decide seguir la ruta de la Antártida para alcanzar el Índico. Alcanzan los primeros hielos el 12 de febrero de 1941, a la altura de las islas Scott. También pudieron ver por primera vez a los pingüinos.

Cambiaron las palmeras y las playas por un infinito panorama nevado. En donde resoplan las ballenas y enormes plataformas de hielo se mecen en el agua. El Komet avanza hacia el sur atravesando sin dificultades el hielo.

Del horizonte surge un humeante ballenero japonés, el Nisshin Maru. Los japoneses envían al crucero auxiliar 400 kilos de carne de ballena como gesto amistoso. Algo más tarde se cruzan con otro ballenero, el Maru 11, que lleva los botes rodeándole para luchar contra los témpanos de hielo. La situación se vuelve más peligrosa, sobre todo en noche de luna nueva.

Como despedida de la Antártida tuvieron que soportar una fuerte tormenta a la altura de la Tierra del emperador Guillermo 11, el pequeño barco era vapuleado por las olas. El Komet escapó a toda máquina hacia las islas Kerguelen o Desolación, las cuales hacían honor a su nombre. Antes se encontraban por aquí balleneros y cazadores de focas, ahora tan sólo aves marinas y colonias de conejos.

En las Kerguelen se encontraron con el «buque 33», el crucero auxiliar Pin- guin, y el buque nodriza Alstertor con petróleo, munición, víveres, cerveza, películas y correo. Un poco más tarde se les unió un ballenero que había sido adoptado por el Pinguin y bautizado con el nombre de Adjutant.

Se aprovechó para realizar tareas de mantenimiento, cargamento de carbón, lecturas de cartas, despacho del correo e incluso excursiones a tierra a la caza del conejo. También hubo tiempo para visitas a bordo y veladas con cerveza y canciones.

Con el comienzo de la primavera el Komet alcanzó el océano Índico. La tripulación aprovechó para capturar algunos tiburones y hasta se colocó una aleta en el bauprés, que se creía que traeria suerte al barco.

A bordo se recibían noticias de la lucha en los Balcanes y del Afrikakorps. Mientras tanto en el horizonte, Ni una sola nube de humo, ni un mástil.

De este modo se llegó a la pascua y para celebrarla como correspondía, el Pinguin había dejado 250.000 huevos! El Komet vigila el recorrido Durban-Colombo. Nada. La ruta parece muerta.

Así llegan al 1 de Mayo. Conseguía escuchar con buena sintonía la Radio Alemana, pero era imposible localizar a un mercante. El 9 de mayo llgaron malas noticias: el crucero británico Cornwall había hundido al Pinguin. De un disparon había alcanzado de lleno la santabárbara. El pequeño ballenero Adjutant acudió en busca del Komet. Con un poco de ayuda, a veces a remolque y otras con sus propias máquinas continuó a su lado.

Esta situación desanimó todavía más a la tripulación.

El comandante telegrafió al Mando naval solicitando permiso para realizar una operación de minado: «Minas en el golfo Lyttleton y ante Wellington ». Respuesta: «Como crea conveniente.»

Se trasladaron las minas al pequeño ballenero y el teniente Karsten se hace cargo del mando del ballenero. A la altura de Tasmania el barco desaparece en la noche con rumbo a Nueva Zelanda.

Por su parte el crucero auxiliar vigila la ruta Dunedin-Panamá. Aunque sin suerte. No les ocurre lo mismo a los británicos que tienen más suerte, a la altura de Portugal, sorprenden y echan a pique al Alstertor. La correspondencia a las familias ha ido a parar al fondo del mar. Si el humor a bordo ya no era bueno, ahora el ambiente es muy tenso.

El 1 de julio el Adjutant navega al este de las islas Chatham. Había navegado 20 días lejos del Komet. Misión cumplida, pero su máquina se encontraba averiada. La dotación pasó al Komet y el ballenero fue enviado al fondo del océano.

Se cumple un año en el mar

Al poco tiempo se celebró un aniversario, el «buque 45» llevaba un año en el mar. Del Mando Naval llegó un telegrama:

«Que continúe el buen viaje y los mejores deseos para el regreso a la patria».

Además, se comunicaba la concesión de la Cruz de Hierro. La dotación formó en cubierta en traje de paseo. Revista del comandante. Discurso. Cruz de Hierro. Himno. Comida extraordinaria. Café. Pasteles. En el cine de a bordo se proyectó «Jud Süss». Ningún barco a la vista. Ni británico, ni australiano, ni neozelandés. Ninguno.

El 14 de agosto el crucero auxiliar atravesó el canal de Panamá. A las 15,20, saltan las alarmas. Se trataba del Australind, de 5019 toneladas, matriculado en Londres. 45 hombres de dotación y carga general. Hundido. Tres días más tarde el Kota Nopan, 7322 toneladas, matriculado en Rotterdam. 16 javaneses de dotación. Cargado completamente de caucho, zinc, café y tabaco. En total, una carga con valor de 22 millones de marcos.

No había concluido la acción de corso cuando caía el Deveron, de 9036 toneladas, matriculado en Londres, con 31 británicos y 113 hindúes de dotación, carga general. Parecía todo preparado para salir bien en el viaje de regreso.

De nuevo el comandante Eyssen recurrió a la pintura. El Komet se convirtió esta vez en el «S. Thome», matrícula de Lisboa. A partir de este momento el contraalmirante se tomó las cosas con calma, con mucha calma. No quería encontrarse en el Atlántico Norte antes de noviembre. Después de todo esa zona era de guerra y pululaban por ella las lanchas rápidas, los destructores, los aviones y los submarinos británicos.

Terminada la misión con el Kota Nopan el crucero auxiliar dio la vuelta al cabe Hornos. A bordo se celebró la ultima gran fiesta, con música y algunacanción más o menos melancólica.

El 16 de noviembre se recibe un mensaje extraordinario para el Komet. Nuevo camuflaje: «Sperrbrecher 52». Ruta: Estaca de Bares. Lluvia. Niebla. Mal tiempo. En el golfo de Vizcaya esperan dos submarinos: U-652 y U-651. En San Juan de Luz aparecen tres lanchas rápidas. Al aclararse un poco el tiempo vuelan sobre el buque los He 115. El Komet entra en el Canal cada vez mejor escoltado.

El 28 de noviembre de 1941 se presentan las primeras lanchas rápidas británicas, a las 4:10. Los torpedos empiezan a surcar el agua. Los cañones abren fuego, incluidos los del Komet. Por todas partes suenan explosiones. La flotilla registra 3 muertos y 10 heridos. Los británicos no cejan en su empeño. Al romper el día, el Komet se ve obligado a refugiarse en Dunkerque.

A las 20,45 estaba otra vez fuera. La niebla es tan densa que tanto el crucero auxiliar como la escolta se ven obligados a echar el ancla. A las 15,20 prosigue la navegación. Un Bristol-Blenheim, volando a poca altura, arroja 4 bombas sin éxito Más niebla y, luego, una noche cerrada. A las 6,45 el Komet ancla en Cuxhaven. Desembarcan 109 prisioneros que esta vez no dan las gracias. Llega un remolcador con correo.


El 30 de noviembre, a las 6 de la tarde, el más pequeño de los cruceros auxiliares quedaba amarrado al tinglado nº 80 de Hamburgo.

Cruz de Caballero para el Contralmirante Eyssen. Cruz de Hierro colectiva para la dotación, además de 45 individuales de 1ª Clase.

Desde las 20,15 hasta las 23,30 alarma aérea. Guerra normal, cotidiana. Bienvenidos a casa.

Once meses más tarde el crucero auxiliar volvió a hacerse a la mar. Excepto diez hombres, había sido renovada toda la dotación. Ya no podía volver a cruzar el Ártico ya que se había desencadenado la Operación «Barbarroja», la guerra contra Rusia. El crucero auxiliar intentó alcanzar la costa francesa del Canal, sin éxito. El 14 de octubre, a la altura del cabo de la Hague fue alcanzado y hundido por una lancha rápida británica. No hubo supervivientes.

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