La Caza del Bismarck
Acorazado Bismarck

La Caza del Bismarck

Una de las mayores tragedias de la Marina de Guerra Alemana sucedió en mayo de 1941, con el hundimiento del acorazado Bismarck. Una misión poco clara, una pésima colaboración de la Luftwaffe y, sobre todo, filtraciones en el servicio de información, condenaron la misión del barco. Cuando los ingleses vieron aparecer en sus aguas al tan temido acorazado alemán, no lo dudaron, comenzaron una caza a vida o muerte.

Esta es la historia contada de primera mano por aquellos que participaron en la misma.

En condiciones de baja visibilidad navegaba el crucero Prinz Eugen, siguiendo a duras penas al acorazado Bismarck. En un intento de facilitar la tarea al timonel del crucero pesado, en el Bismarck se encendió un reflector a popa. Era el principio de un viaje atravesando la barrera de hielo del Canal de Dinamarca, al norte de Islandia. Por el costado de estribor, icebergs, por el costado de babor una densa niebla. Los relojes marcaban las 17:30 del 23 de mayo de 1941. Ambos barcos navegaban con el MES (defensas magnéticas antiminas) activado. Los aparatos de detección por radio funcionaban a pleno rendimiento desde el mediodía. 

¿Habría tenido éxito la maniobra de incursión en el Atlántico de los buques alemanes?¿Habrían conseguido evitar el control de los británicos?

La misión de los alemanes era atacar los convoyes ingleses. Para cumplir esta misión contaban con una impresionante artillería. El Bismarck montaba ocho cañones de 380mm, doce de 150mm, dieciséis antiaéreos de 105mm, dieciséis de 37mm y otros doce de 20mm. Por su parte el Prinz Eugen montaba ocho cañones de 203mm, doce antiaéreos de 105mm, doce de 37mm y doce tubos lanzatorpedos. Pobre del convoy sobre el que cayesen esas dos fortalezas flotantes. 

A las 18:11 los aparatos de detección de los dos barcos emitieron la alerta. Habían detectado algo. Las tripulaciones se prepararon para el combate y se realizaron las mediciones exactas para determinar la posición del enemigo. En la distancia se recorta una silueta rectangular, aunque no se aprecia su arboladura. Los aparatos de detección mantienen localizado al buque enemigo, mientras los dos buques alemanes no quitan ojo a la densa niebla. 

A las 20:10 el Bismarck detecta a otro barco enemigo. Veinte minutos más tarde, en medio de la niebla, aparece un buque de guerra con dos mástiles y tres chimeneas inclinadas. Un crucero inglés, no hay duda. Sin alterar ni un ápice su rumbo, ni variar la velocidad, el Bismarck dispara cinco salvas de artillería. Como el que trata de espantar a una molesta mosca. Así de superior se sentía el Bismarck con respecto al enemigo.

Como consecuencia de los disparos se produce una avería en la sala de radio de proa del Bismarck. En ese momento el almirante Günther Lütjens, jefe de la flota, decide que el Prinz Eugen se ponga al frente y el Bismarck le siga. Mientras tanto intentaron esquivar a los enemigos navegando a toda máquina a través de la niebla y la lluvia constantes. A pesar de que la visibilidad era de apenas unas millas, no lo lograron.

Comenzó a caer una tormenta de nieve sobre el Bismarck y el Prinz Eugen, el hielo les rodeaba por todas partes. Hacía ya unas cuantas horas que habían dejado atrás el Canal de Dinamarca. Pero no lograban librarse de la pertinaz persecución. Lo que el almirante Lütjens no sabía, aunque lo sospechaba, es que los cruceros que les perseguían, los cruceros pesados Suffolk y Norfolk, estaban provistos de radar. Por tanto, cada variación en el rumbo era detectada por los ingleses y transmitida al almirante Sir John Tovey, jefe de la Home Fleet.

Hundimiento del crucero Hood

Aún existía otro motivo más de preocupación ya que, a 300 millas, navegaban a toda máquina dos de los más grandes buques de guerra ingleses, el acorazado Prince of Wales y el crucero Hood. A medianoche habían reducido la distancia a sólo 128 millas de la flota alemana. A las 4:35 de la desde el Prinz Eugen se detecta la posición del enemigo. Poco después ya se veían las siluetas en el horizonte. El Bismarck y el Prinz Eugen se prepararon para la batalla. Al poco tiempo, los cañones comenzaron a trabajar. 

HMS Hood
HMS Hood

A babor estaba el crucero Hood, conocido como “The Mighty Hood” (el poderoso Hood) por miles de británicos debido a la admiración que sentían por el barco. También estaba en posición de combate el Prince of Wales, el buque más moderno de la marina británica en aquel momento. Ambos abrieron fuego casi simultáneamente.

Toda la artillería del Bismarck y del Prinz Eugen fue preparada. La orden del almirante Lütjens fue centrarse en el barco que navegaba el frente, el Hood.

Las bombas lanzadas levantaban enormes columnas de agua, cayendo a apenas 100 o 150 metros del Prinz Eugen. Uno de los proyectiles cayó más cerca, a unos 50 metros de la popa. Los británicos afinaban la puntería y las siguientes columnas de agua se levantaron justo en la estela que iba dejando el enorme crucero. 

El humo y el vapor de las explosiones flotaba por todos lados, el olor a dinamita lo inundaba todo. Los buques se iluminaban con el resplandor de las explosiones y los enormes proyectiles aullaban en su camino, haciendo temblar el aire. Uno de esos proyectiles impactó directamente en la proa del Bismarck pero sin hacer explosión. 

En el lado británico las columnas de agua cercaban al crucero Hood, las llamas iluminaban la superestructura del buque. Una enorme nube de fuego y humo se arremolinaba entre los mástiles. El poderoso Hood acabó saltando por los aires. Se hundió en las frías aguas del atlántico, mientras navegaba a 28 nudos, llevándose consigo la vida de 95 oficiales y 1323 marineros. Las coordenadas 63º 20’ N y 31º 50’ O marcan su lugar de descanso eterno. Apenas hubo 3 supervivientes.

Por su lado, el Prince of Wales había sido sufrido cuatro impactos del Bismarck y otros tres del Prinz Eugen. Un proyectil de 380mm hizo blanco en el puente de mando, matando a todo el personal excepto al capitán y a un marinero. La sangre llegó por los tubos de órdenes hasta la sala de circuitos, llenando los mapas. Otro impacto del Bismarck destruyó toda la artillería de proa. 

Esto dejaba el Prince of Wales muy dañado y casi sin poder defenderse. Además el acorazado había salido a toda prisa del astillero y aún tenía personal civil a bordo. El capitán Leach ordenó abandonar el combate y desaparecer detrás de una enorme cortina de humo.

Los alemanes no entraron a perseguir al Prince of Wales, ya habían conseguido mucho más de lo que se habían propuesto con el hundimiento del crucero Hood. Para ellos era una gran victoria de la que se haría eco sin duda la propaganda del Reich.

Por lo tanto, las órdenes originales seguían adelante, la Operación Rheinübung era factible. 

Operación Rheinübung

De Bundesarchiv, Bild 146-1989-012-03 / Lagemann / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, Enlace
Gefechtsbildfahren in der Ostsee mit der "Bismarck" (im Hintergrund) Vorne Brückennock Prinz Eugen

El 2 de abril de 1941 el Mando Naval alemán establece una nueva orden operativa. En ella se indicaba: “Como objetivo decisivo en la lucha contra Inglaterra debe tenerse presente que se trata de aniquilar los transportes hacia Gran Bretaña. Esta operación se llevará a cabo principalmente en el Atlántico Norte, debido a la confluencia de las líneas comerciales inglesas.”

Por parte alemana ya se habían realizado varias operaciones con un objetivo similar. Pero la introducción de escolta armada en los convoyes por parte inglesa, provocó que los alemanes apenas tuviese éxito. Esto era, en parte, debido que, aunque los ingleses tenían viejos barcos de la Primera Guerra Mundial, los cruceros pesados alemanes como el Hipper y el Scheer o los cruceros de batalla como el Gneisenau o el Scharnhorst, no eran rivales frente a su artillería.

Por tanto, tan sólo les quedaban los nuevos barcos, el Bismarck y el Tirpitz, que sí podían hacer frente a estos buques. Aunque la entrada en servicio del Tirpitz no sería hasta el otoño de 1941. Este hecho dejaba al Bismarck sólo. A esto hay que sumarle que, a principios del año 1941, tanto el Gneisenau, como el Scharnhorst resultaban dañados por ataques aéreos. Dejando el papel de escolta al Prinz Eugen.

La orden del Mando Naval alemán establecía que el plan de ataque a seguir sería el de utilizar al Bismarck sólo en relación al buque de guerra que escoltase al convoy. Esto quería decir que el Bismarck se ocuparía del buque de escolta, mientras el Prinz Eugen se encargaba del convoy. Pero, ¿qué ocurriría si había más de un escolta armado? Según el plan de combate: “En el caso de que el combate fuese inevitable, habrá de hacerse utilizando todos los medios disponibles.”

Esto dejaba al Bismarck más como una distracción y enfrentándose únicamente a un enemigo. Lo que no sabían los alemanes es que los ingleses pronto sabrían de esta estrategia, así que el Almirantazgo Británico se encargaría de que el barco alemán nunca se encontrase con un único buque inglés, si no con todos los disponibles a poder ser.

El Mando Naval alemán había previsto que los ingleses, en cuanto supieran que el Bismarck andaba suelto, se lanzarían con todo lo que tuviesen a mano. Tanto es así, que el propio Almirante Lütjens debió de estar meditando al respecto. Una semana antes a su partida les habría comentado a sus amigos íntimos: “Tengo claro que, antes o después, seré víctima de los ingleses dada la desigualdad de fuerzas. Por mi parte, doy por finalizada mi vida individual.”

Los preparativos de la Operación Rheinübung continuaban. El 18 de mayo de 1941, los barcos alemanes salían de la base naval de Gotenhafen, Gdynia, cerca de Danzig. Durante ese día, los dos barcos, se dedicaron a realizar maniobras conjuntas hasta el anochecer. En ese momento, amparados en la oscuridad, pusieron rumbo a Arkona, en dónde les esperaban destructores y minadores. El tráfico mercante había sido prohibido en las zonas del Gran Belt y Kattegat, durante la noche del 19 al 20 de mayo, debido a razones secretas y por orden del BSO, Mando para la Seguridad del Mar Báltico.

A primera hora de la mañana del 20 de mayo, los dos buques de guerra estaban ya en el Kattegat, siendo acompañados por el portaaviones sueco Gotland, durante su travesía por la costa de Suecia. En la barrera del Skagerrak el tráfico marítimo estaba parado a la espera de que los minadores dejasen libre de minas el paso. En ese lugar había hasta 11 mercantes suecos, finlandeses, alemanes y daneses esperando. Evidentemente, ya nadie esperaba que el secreto se fuese a mantener.

Los navíos alemanes se detuvieron en su andadura. El Bismarck lo haría al sur de Bergen, en el fiordo Grimstad, y el Prinz Eugen, junto con los destructores, al norte de Bergen, en la bahía de Kalvenes.

Hace un día soleado y el acorazado alemán se encuentra a plena vista desde la orilla. Muchos noruegos se acercan a contemplar el impresionante buque y, algún que otro con intenciones distintas. A las 13:15 el Bismarck es fotografiado desde un avión Spitfire británico, y al Prinz Eugen le pasaba algo similar. 

La prioridad del Almirante Sir John Tovey, una vez que conocía la identidad de los buques alemanes, fue situar a los cruceros Suffolk y Norfolk en el Canal de Dinamarca; al mismo tiempo enviaba a los cruceros Arethusa y Birmingham al sur de Islandia. Cerca de la medianoche se incorporaban el crucero Hood y el Prince of Wales para presentar batalla a los alemanes. Al amanecer del día siguiente fueron detectados por los navíos de guerra alemanes, dando comienzo a la batalla.

En Whitehall se despertaron con una terrible noticia, “El Hood se ha hundido”. El Bismarck navegaba sin oposición por el Atlántico Norte. En pocos minutos el Almirante Sir Dudley Pound, el Vicealmirante Philipps y los demás consejeros se encontraban reunidos de urgencia alrededor  de la enorme mesa de color verde en el centro de operaciones. En las paredes mapas con banderas de colores clavadas que indican el nombre, rumbo, posición y velocidad de todos y cada uno de los convoyes aliados. En ellos también marcaron la ruta del Bismarck y el Prinz Eugen. Ésta era facilitada constantemente por los cruceros Suffolk, Norfolk y el Prince of Wales que se había unido a ellos tras la batalla con el Bismarck.

Para los británicos sólo había una opción, cazar al Bismarck.

La caza del Bismarck

Poco antes del anochecer toda la Home Fleet se hacía a la mar. Rumbo a los barcos alemanes navegaban el King George V, el Repulse, el portaaviones Victorious y 4 cruceros ligeros al mando del almirante Sir John Sommerville, que se encontraba junto con el crucero de batalla Renown, el portaaviones Ark Royal y el crucero ligero Sheffield estaban al oeste de España. Las órdenes que había recibido el almirante eran las de enfrentarse al Bismarck.

También se le ordenó navegar hacia el buque alemán al acorazado Rodney que se encontraba, junto con 3 destructores, a 550 millas al sur. El acorazado Ramillies y el crucero pesado London, que estaban escoltando a convoyes, también recibieron orden de enfrentarse al navío alemán.

La caza del Acorazado Bismarck
La caza del Acorazado Bismarck

Los ingleses dejaban todas las operaciones de lado para centrarse únicamente en dar caza al Bismarck.

El crucero ligero Edinburg salió de las Azores, mientras que el acorazado Revenge salía a toda máquina de Halifax, además del acorazado Nelson que se encontraba en Freetown.

Apenas habían pasado 6 horas del hundimiento del Hood y la caza del Bismarck ya había empezado. La zona que rastreaban los británicos abarcaba un total de 1 millón de millas cuadradas.

Mientras tanto los alemanes presumían de no haber sufrido ni una sola baja en su enfrentamiento con el Hood. De hecho, tan sólo el Bismarck había recibido impactos, uno en la proa, aunque por encima de la línea de flotación. El problema fue que, al navegar a toda máquina, la brecha produjo la inundación de dos compartimentos, el cabrestante y el circuito eléctrico de las bombas de desalojo, y se atascaron las bombas impulsoras del aceite de la calefacción, inutilizando mil toneladas de aceite.

A esto había que añadir las 4000 toneladas de agua que habían entrado en la proa y que la dotación trataba de bombear de vuelta al mar. Además un segundo impacto había dañado totalmente el circuito eléctrico 4. El cuarto de máquinas dos y la sección auxiliar de calderas de babor estaban sobrecargadas.

El barco estaba navegando con una escora de nueve grados a babor y una inclinación de dos a tres grados hacia la proa, lo que provocaba que la hélice de estribor girase fuera del agua. Para poder reducir la escora se tomó la decisión de inundar los pañoles de las secciones II y III de estribor. Mientras en su estela se podía apreciar una enorme mancha de aceite. En su transmisión a tierra de las 7:01 de la mañana, el Bismarck informaba de todos los daños sufridos e informaba del propósito de llegar a Saint Nazaire: “Prinz Eugen guerra de cruceros”.

Aplazada la guerra de cruceros

Con esta información el Mando Naval alemán era consciente que, debido a los daños sufridos, el almirante Lütjens se veía obligado a regresar con el buque insignia a tierra para repararlo. Por lo tanto, el Prinz Eugen se quedaba solo en la Operación Rheinübung. Este se despediría del Bismarck para poner rumbo a las Azores, en donde le esperaba un buque de aprovisionamiento. Pero durante la travesía se detectó una avería en la hélice estribor por culpa del hielo del Canal de Dinamarca, de modo que el Prinz Eugen puso rumbo a Brest, llegando el 1 de julio a las 19:30 al astillero. Quedaba de esta forma aplazada la guerra de cruceros.

Mientras el Bismarck había seguido con rumbo sur, cruzándose por la noche con el guardacostas americano Medoc, quien transmitió la noticia a los británicos. De esta forma se enteró el Almirantazgo que el Bismarck estaba solo. A las 22 horas, despegó una escuadrilla de 9 torpederos Swordfish y 6 Fullmars, desde el Victorious que se encontraba a 120 millas. Alrededor de las 23:30 localizan al Bismarck y se lanzan al ataque en vuelo rasante, aunque tan sólo un torpedo lograría hacer impacto causando daños mínimos en el mástil anterior del buque alemán. 

Por su parte, el Mando Naval alemán intentaba organizar una línea de seis submarinos para darle protección al acorazado, que esta vez tuvo suerte ya que los británicos lo perdieron en sus radares y pudo escapar.

El Norfolk se dirigió entonces a toda máquina hacia el oeste, mientras el Suffolk hacía lo propia hacia el sudoeste. El Prince of Wales viró hacia el sur y el Ramillies cambió su rumbo hacia el noroeste para cortar la ruta del Bismarck que parecía dirigirse hacia el centro del Atlántico.  Las radios estaban atentas a cualquier señal pero el Bismarck había desaparecido.

Pero los británicos iban a tener suerte. El almirante Lütjens rompió el silencio de radio porque estaba convencido que el radar británico hacía tiempo que lo había localizado y que, por tanto, lo estaban siguiendo. Así que envió un mensaje muy detallado sobre el estado del navío, su ruta y demás, que fue interceptado por el Almirantazgo y enviado a todas las unidades británicas en el Atlántico.

Como dato curioso, cabe decir que tan sólo se transmitió el rumbo del Bismarck y no su posición como era habitual. Además, a esto hay que sumarle que el mensaje que se recibió a bordo del King George V y, por tanto, se transmitió a toda la flota inglesa, fue defectuoso. Esta sería el último golpe de suerte para el Bismarck.

Hacia la Batalla Final

Amanece el 25 de mayo de 1941. El ánimo en el acorazado Bismarck es alto. Acaban de hundir a la joya de la Home Fleet y rechazado un ataque aéreo de aviones torpederos sin apenas un rasguño. La tripulación del navío alemán se sentía invulnerable. Se da la casualidad que ese día era el cumpleaños del almirante Lütjens, por lo que se dirigió a toda la tripulación para agradecer las felicitaciones recibidas y alabar el valor mostrado hasta el momento por la tripulación. También añadió, lo que para todos fue un jarro de agua fría: “Hemos de contar con nuevas persecuciones. Se trata de elegir la vida o la muerte. Pero, antes de morir, lograremos aún aniquilar a muchos enemigos y llevarlos con nosotros”.

Ante estas palabras la reacción de la tripulación fue de estupefacción. ¿Acaso su almirante daba por hecho que habían fracasado? ¿Sabía algo el almirante que desconocía el resto de la tripulación?

A partir de estas palabras, el ánimo de la tripulación decayó y todos se prepararon para lo peor. 

Alrededor de las 3 de la madrugada un hidroavión de reconocimiento tipo Catalina despegó de la base aérea de Lough Eme, una hora más tarde despegaba un avión de reconocimiento provisto de radar desde el portaaviones Ark Royal.

A las 10:26 de la mañana del 26 de mayo de 1941, el desastre se cernía sobre el Bismarck. A pesar del mal tiempo en la zona, aviones torpederos despegaron del Ark Royal y atacaron al navío alemán. Aunque se equivocaron. En realidad estaban atacando al crucero Sheffield que se encontraba a pocas millas del Bismarck. Por suerte para los británicos, las defensas magnéticas del buque fueron eficaces y todos los torpedos que se le lanzaron estallaron sin impactar el casco.

Se lanzó una segunda oleada que, esta vez, guiados por el Sheffield sí localizaron al Bismarck. El ataque se prolongó durante media hora. Uno de los supervivientes, el cabo Herzog, relataría cómo vio a dos torpederos volando a ras de agua por lo que su ametralladora antiaérea no podía hacer blanco. Uno de los aviones se lanzó hacia el centro del buque y su torpedo logró impactar el casco, provocando una enorme sacudida por todo el barco. El cabo Herzog y todos sus compañeros salieron despedidos por el impacto. Desde su posición pudieron ver cómo un avión se lanzaba en picado hacia la popa del Bismarck. Al instante notó como estaban escapando a toda máquina del ataque. 

Los torpederos enemigos habían desaparecido y se hizo el silencio. En ese momento fueron conscientes de que algo no iba bien. El Bismarck estaba navegando en círculo.

Desde la sala de máquinas, el jefe Schmidt recibió un aviso: “Impacto de torpedo en la popa. Timón de babor inutilizado”. Se intentó de todo por mantener el rumbo pero, finalmente, hubo que navegar contracorriente…al encuentro de la Home Fleet.

La última lucha del Bismarck

Esa noche, a las 23:30 el almirante Lütjens envió un mensaje al Reich: “El buque no puede maniobrar. Lucharemos hasta la última granada. Viva el Führer.” Y la respuesta de parte de Hitler fue: “Toda Alemania está con vosotros. El cumplimiento de vuestro deber dará fuerzas a nuestro pueblo en la lucha por su identidad.”

Durante toda la noche el Bismarck sufrió el acoso de cinco destructores británicos, el Piorun, el Zulu, el Maori, el Sikh y el Cossack, que no pudieron hacer blanco con sus torpedos debido al fuego defensivo del Bismarck.

Al amanecer llegó la orden desde el puente: “Paren máquinas.” El momento había llegado. Ante la imposibilidad de poder escapar el Bismarck se preparaba para su batalla final.

Dato curioso: A pesar de estar dentro del radio de acción de los bombarderos de la Luftwaffe, el Bismarck no recibiría apoyo por su parte. Al parecer el mando de la aviación alemana no era conocedor de la situación del acorazado.

Poco después del amanecer, a las 8:15 saltó la alarma en el Bismarck, llegaban los británicos. En la línea del horizonte comenzaron a aparecer las siluetas de los acorazados Rodney y King George V, y por delante de ellos el crucero pesado Norfolk. En ese momento el Bismarck se puso de nuevo en movimiento, en un intento de mantener un rumbo adecuado para su artillería. 

El ataque comenzó a las 8:47 de la mañana. Al poco tiempo, uno de los puntos vitales del acorazado alemán quedaría inutilizado con el impacto de un proyectil en las torres de proa. El Bismarck se defendía como podía pero aquello ya no era una batalla, era una masacre. El bombardeo duraría más de una hora, sufriendo impactos de todos los calibres.

Un proyectil de 400mm disparada desde el Rodney destruiría la torre Bruno, cuyos restos fueron a impactar contra el puente, matando a casi todos los que allí se encontraban. La torre Dora sufrió un impacto directo que daño la sala de máquinas y de calefacción. Por todas partes se recibían impactos, se producían explosiones e incendios que rodeaban al Bismarck en una densa capa de humo. 

A pesar de todo, el gigante alemán se resistía a hincar la rodilla. Incluso el crucero Dorsetshire disparó varios torpedos desde una corta distancia y ni así se hundía el Bismarck. 

La última orden que recibió la tripulación alemana fue: “Todos los hombres fuera del buque.” Eran las 10:40 del 27 de mayo de 1941.

El crucero Dorsetshire rescató a 85 marineros alemanes y abandonó la zona con la excusa de haber avistado a un submarino alemán. Más tarde se supo que no había ninguno en la zona. Otros 25 marineros fueron salvados por el destructor Maorí. En las siguientes horas serían rescatados otros 3 marineros por el submarino U-74 y 2 más por el buque meteorológico WBS 7.

¿Quién hundió realmente al Bismarck?

Durante muchos años ha existido la controversia sobre la causa del hundimiento del Bismarck. ¿Fueron los británicos?, o, por el contrario ¿fue hundido por su propia tripulación?

Hasta el día de hoy se han realizado diversas expediciones para localizar y estudiar el lugar del hundimiento:

  • Robert Ballard, el mismo oceanógrafo que descubrió el Titanic, localizó el Bismarck el 8 de junio de 1989. Descansa prácticamente íntegro a 4791 m de profundidad. En un lugar a unos 650 km de la costa francesa. Según la inspección que realizaron, no encontraron ningún agujero bajo la línea de flotación. Aseguró también que no había localizado señales de las implosiones que se producen cuando un barco se hunde con aire en su interior. Lo que indicaría que el barco fue inundado. Tras su exploración del casco concluyó que fue la dotación alemana la que hundió su propio barco saboteando las válvulas de la sala de máquinas, tal y como declararon los propios marineros supervivientes.
  • En 2001 Deep Ocean Expeditions realizó otra expedición y tampoco hallaron signos de penetración en el casco. 
  • También en 2001 una expedición anglo-americana liderada por David Mearns, analizó el lugar del hundimiento utilizando vehículos operados a distancia conocidos como ROV. Llegó a la conclusión que si bien no se aprecian agujeros a lo largo del casco, lo único que consiguieron los alemanes fue acelerar lo que habían iniciado los británicos.
  • En 2002, el cineasta James Cameron, utilizando pequeños batiscafos MIR filmó un documental para la National Geographic y, por primera vez, se accedió al interior del Bismarck. Gracias a lo cual se pudo comprobar que los torpedos no habían logrado penetrar el casco interior, lo cual avala la versión alemana de que fue hundido por sus propios medios y no por causa de los torpedos y proyectiles británicos.

Os dejamos el magnífico documental realizado por James Cameron con el que podréis revivir las últimas horas del Bismarck:

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