Campaña de Noruega (Parte I)

El Reich estaba necesitado de materias primas para que su maquinaria de guerra no dejase de avanzar. Así que fijó sus ojos ansiosos al otro lado del mar del Norte. Los noruegos no lo sabían pero pronto iban a estar bajo el yugo alemán.

Objetivo: los minerales noruegos

El Skagerrak está tranquilo, hay mucha humedad en el ambiente ya que está lloviendo. El submarino polaco Orzel se encuentra sumergido el sur de la costa de Noruega. Realiza tareas de vigilancia. El capitán Gruzdinski consiguió escapar con él y evitar que los alemanes lo capturasen al finalizar la guerra germano-polaca. Encontró asilo en Gran Bretaña y comenzó a prestar servicio en la Armada de Su Majestad.

De momento no ve nada raro, poco más que 3 pequeños pesqueros y el buque danés Skagen que avanza por su costado de estribor. Su misión es la de patrullar el Skagerrak e impedir el paso de embarcaciones alemanas. Los ingleses se habían propuesto impedir la expansión alemana por las aguas escandinavas. Para lograrlo no iban a detenerse ante nada ni nadie.

Las pequeñas naciones no nos pueden atar las manos, mientras luchamos por la justicia y la libertad.

Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo

Los planes de Gran Bretaña para Noruega

Churchill sabía de la importancia estratégica que tenían las más de 1000 millas de la costa noruega para bloquear a los alemanes una vez que se produjese la declaración de guerra.

Los buques mercantes alemanes podían navegar a través de aguas danesas y noruegas en dirección a los puertos neutrales de Noruega. Donde cargaría minerales para llevarlos a Danzig atravesando el Skagerrak y el Kattegat. Siguiendo esta ruta se transportaban, anualmente, más de 10 millones de toneladas hacia Alemania. Este dato era un quebradero de cabeza para los británicos. Había que impedirlo como fuese.

Para ello disponían de varios caminos. Por un lado estaba el presentado por el propio Churchill el 12 de septiembre de 1939 y que consistía en el minado de las aguas noruegas. Algo que, además de peligroso, atentaba contra el derecho internacional. Todos los ministros se opusieron a esta medida tan drástica.

Por otro lado los militares realizaron planes para la ocupación de los puntos estratégicos de Noruega. La Marina, a través de su director de servicios de información, pidió por radio al cónsul británico en Narvik (clave nº 20.065) datos precisos sobre la importancia del ferrocarril, la profundidad del puerto y datos precisos sobre los muelles existentes en la ciudad.

Entretanto se produjo el ataque de la Unión Soviética a Finlandia. El Primer Ministro británico quiso aprovechar las nuevas circunstancias. Propuso enviar ayuda a los finlandeses, armas, material e incluso algunos voluntarios, pero para ello necesitaba el puerto de Narvik. Pero lo único que logró el Primer Lord del Almirantazgo fue una autorización noruega para que los tres ejércitos preparasen una operación de respuesta en caso de intento de invasión por parte de Alemania.

Prácticamente al mismo tiempo, en Alemania, el jefe del Abwehr alemán, el Almirante Canaris, avisaba al mando de la Wehrmacht de la posibilidad de una intervención británica en Noruega. Debido a esta información el propio Hitler accedió a la petición de estudiar la posibilidad de ocupar Noruega «Nord» que le realizó su Estado Mayor.

En el bando aliado cada vez veían con mejores ojos la posibilidad que les habían brindado los rusos con su invasión a Finlandia. Tenían la excusa perfecta para invadir Noruega.

Finalmente, el 28 de Marzo, el Alto Mando aliado ordenó minar las aguas noruegas y, en previsión a una posible invasión por parte alemana, se decidió embarcar tropas para ocupar el puerto de Narvik y desplazarse, utilizando el ferrocarril minero, hasta la frontera sueca. Simultáneamente deberían desembarcar tropas aliadas en los puertos de Bergen, Trondheim y Stavanger.

11:50 Comienzan las Hostilidades

Poco después de tomar esta decisión por parte del Mando aliado, diversos buques de guerra entre los que se encontraban destructores, minadores y submarinos, partían de sus bases rumbo a las aguas noruegas. Entre estos buques se encontraba el submarino polaco Orzel.

El capitán Grudzinski no era un hombre que supiera de estrategia, era un hombre de acción. Para él las cosas eran sencillas. El mineral noruego se utilizaba para hacer acero y con éste se fabricaban armas. Así que estaba totalmente decidido a impedir que Alemania pudiese fabricar más armas. Sus órdenes eran vigilar el Skagerrak e impedir el paso a cualquier carguero alemán. Y pensaba seguirlas a rajatabla.

Acercándose al anochecer, el personal de guardia avisó al capitán para que él mismo echase un vistazo por el periscopio. De momento sólo veía a los inofensivos pescadores noruegos que, con sus pequeñas barcas, iban en dirección a Lillesan, un pequeño puerto noruego del Skagerrak. Realizando un barrido se topó con lo que sus marineros querían que viese, un carguero alemán que navegaba a toda máquina en dirección noroeste siguiendo la línea de la costa. Una vez confirmado que la bandera del Reich alemán ondeaba en el mástil, el capitán Grudzinski ordenó el zafarrancho de combate. Se prepararon los torpedos y el Orzel inició su aproximación al carguero alemán.

Cuando se encontraba a una milla de distancia, el capitán quiso confirmar la identidad y la bandera del mercante, no quería errores. Efectivamente la bandera alemana estaba izada en el mástil y ahora podía ver el nombre del barco, Río de Janeiro. El Orzel abrió fuego a las 11:50 de la mañana.

Pero hubo un detalle que al capitán Grudzinski se le pasó por alto. Varios de los pescadores noruegos que había en la zona se dirigieron a auxiliar a los supervivientes del mercante alemán. Mientras los izaban a sus pequeños barcos, los noruegos vieron con sorpresa, que los alemanes llevaban el uniforme de la Wehrmacht, eran soldados. Estos les contaron aún medio conmocionados por lo que acababa de suceder, que se preparaban para desembarcar en Noruega antes que los ingleses. De esta forma tan curiosa los habitantes del pequeño puerto de Lillesand se enteraron de que su país iba a ser invadido.

Plan Weserübung

Hitler llamó a su despacho al general Von Falkenhorst, comandante del Cuerpo de Ejército XXI, el 21 de febrero de 1941. Después de haber participado en la batalla de Finlandia en 1918, este general tenía fama de ser todo un especialista en la estrategia en zonas geográficas adversas.

Hitler le trasladó su inquietud sobre la posible invasión de Noruega por parte de los británicos. Creía que el objetivo era llevar a Alemania a un campo de batalla más amplio, dividir a las fuerzas alemanas y, de paso, estar más cerca del Báltico. La principal preocupación de Hitler era que esto pondría en grave peligro sus planes de atacar Francia.

El encargo de Hitler fue claro, había que elaborar un plan para una operación en Escandinavia.

Mes y medio después tenía un amplio informe sobre su mesa donde se detallaban los preparativos. El 2 de abril Hitler se decidió y estableció el 9 de abril como el comienzo de las operaciones.

El general Keitel, jefe del OKW (Mando Supremo de la Wehrmacht), fue el encargado de transmitir la orden: «Día Weser, 9 de abril de 1940; hora Weser 5:30»

En la noche del 8 al 9 de abril, una flota alemana se adentró en las turbulentas aguas del mar del Norte. Encabezaba la misma el crucero pesado Blücher, seguido por el Emden, tres torpederos, una flotilla de ocho dragaminas, dos balleneros y, en retaguardia, el acorazado de bolsillo Lützow. Una flota, cuando menos, curiosa.

Cada uno de los buques llevaba a bordo gran cantidad de cañones de largo alcance, cañones antiaéreos, vehículos de transporte y, por supuesto, soldados.

El llamado Grupo V, llega a la entrada del fiordo de Oslo de 110km de longitud, a las 5:18 de la mañana. En ese momento los dos balleneros que transportaban a las fuerzas de choque y a los zapadores, se adelantan al resto de la flota. Los buques alemanes son detectados por el minador noruego Olav Tryggvason, que abre fuego contra ellos, y por un ballenero noruego que dispara sus ametralladoras contra el torpedero Albatros. Estos dos buques noruegos son derrotados con mucha facilidad por el crucero Emden, que los despacha con unas pocas salvas. La flota continúa su avance hacia Oslo.

Mientras tanto, en las fortalezas de Oscarsborg y Akerhus, salta la alarma por los disparos y, su comandante el coronel Erichsen se da cuenta de que los alemanes se están acercando. Cuando tienen a la flota alemana a la vista, el coronel ordena abrir fuego. El objetivo era el buque que iba en cabeza, el crucero Blücher, que recibe dos impactos de torpedos en el centro. El enorme barco, herido de muerte, se inclina por el agua que entra a raudales en su interior. Cientos de armas, municiones, material y soldados fueron cayendo sin remedio a las frías aguas del fiordo. Fueron muy pocos los supervivientes que lograron llegar al puerto.

El Crucero Blücher hundiéndose en las aguas del fiordo de Oslo
El Crucero Blücher hundiéndose en las aguas del fiordo de Oslo

Entre los supervivientes se encontraban el general Engelbrecht, comandante de la División de Infantería 163 y el contralmirante Kumnetz. Ambos se volvieron a contemplar el fiordo, en donde el Blücher se hundía lentamente.

¿Cómo puede hundirse un buque de esa categoría?

General Engelbrecht, comandante de la División de Infantería 163 acerca del hundimiento del Blücher

Para el contralmirante Kumnetz la escena era todavía más dura. Para él, observar como uno de los orgullos de la marina de guerra alemana se hundía tras haber recibido dos impactos de una insignificante batería costera, era algo terrible. Mucho más cuando los observadores militares alemanes no le habían dado la menor importancia ya que no había realizado ningún disparo en los últimos años, ni siquiera a modo de entrenamiento. Más tarde, hasta el propio Erichsen declaró que tenía serías dudas de las condiciones en las que se encontraban sus armas cuando ordenó abrir fuego contra el buque alemán.

Mientras el desastre del Blücher tenía lugar, otros cuatro Grupos de ataque se aproximaban a sus objetivos. El Grupo I, al mando del general Dietl, estaba compuesto por los cruceros Scharnhorst y Gneisenau y diez destructores que transportaban a los cazadores alpinos, tenía como objetivo ocupar Narvik; el Grupo II tenía como objetivo Trondheim; el Grupo III se acercaba a Bergen; y el Grupo IV se dirigía a Kristiansand.

Salta la alarma en el Almirantazgo Británico

El 7 de abrir por la noche se recibió la noticia en el Almirantazgo del avistamiento de una flota alemana cruzando el Skagerrak. Los aviones británicos habían descubierto al Grupo I del general Dietl que se dirigía a Narvik.

En ese momento, los británicos desconocían aún cuáles eran las intenciones de los alemanes.

La flota de cruceros británica que ya se encontraba en aguas noruegas recibió la orden de interceptar a la flota alemana. Esta orden incluía a los buques que estaban embarcando tropas para invadir Noruega, que tuvieron que bajarlos de nuevo a tierra y partir a toda prisa en busca de los alemanes. La orden que habían recibido del Mando de la Home Fleet no podía ser más clara, interceptar y hundir a los barcos alemanes que estaban en el Skagerrak.

El primer contacto se produce el 8 de abril cuando el destructor Glowworm, que estaba buscando a un marinero caído por la borda, se topó con el Admiral Hipper, que protegía al Grupo II. A los británicos no les dio tiempo a presentar batalla, el buque alemán abrió fuego rápidamente y hundió al destructor.

Por su parte, el crucero Renown consiguió alcanzar al crucero alemán Gneisenau el 9 de abril

El gobierno Noruego se muestra indeciso

Mientras se aceleraban los preparativos de los tres Ejércitos alemanes que debían ocupar Noruega y Dinamarca, el Gobierno de Oslo no era capaz de ponerse de acuerdo sobre qué medidas adoptar ante la situación que se avecinaba.

Los espías noruegos habían conseguido observar los trabajos que se realizaban en los puertos alemanes del norte. Habían visto cómo se embarcaba material de guerra y hombres, además de conocer el objetivo de esa operación, que no era otro que Noruega. De todo esto fue convenientemente informado el Estado Mayor del Ejército Noruego.

Sin embargo, en Oslo no conseguían decidirse, ya que temían que cualquier preparativo militar fuese interpretado por Hitler como un desafío. El jefe del Estado Mayor del Ejército Noruego, coronel Rasmus Hatledal, se reunió con el ministro de Defensa para transmitirle la total disponibilidad de todos los mandos militares para lo que ordenase el Gobierno. El 8 de abril el coronel Hatledal vio frustradas sus esperanzas al recibir la orden del gobierno de que todos los mandos militares regresasen a sus casas, quedando de servicio tan sólo el personal de rutina.

Cuando llegó la noticia del desembarco alemán en territorio noruego, el Gobierno dio la orden de movilizar a las cinco Brigadas de Campaña que estaban en el Norte de Noruega. Cuentan que cuando el coronel Hatledal recibió esta orden, le espetó al ministro de Defensa, ¿Está usted loco señor ministro?

Mientras el gobierno noruega estaba ocupado con sus indecisiones, la noche del 8 al 9 de abril en los aeródromos del norte de Alemania se preparaba una escuadrilla de transporte. Se embarcaban soldados de infantería, paracaidistas y material. Al mismo tiempo por mar se acercaban los buques que conformaban los diferentes Grupos Navales. Dos Divisiones de Infantería y una Brigada Móvil, al mando del general de aviación Kaupisch, tomaban posiciones en la frontera danesa a la espera de la orden de marchar hacia Jutlandia.

Comienza la Invasión a Noruega

A las 5:30 de la mañana dieron comienzo las hostilidades. Los Grupos alemanes, perfectamente sincronizados, desembarcaron simultáneamente en Narvik, Trondheim, Stavanger, Egersund, Kristiansand, Arendal y Oslo. 

Los alemanes no sufrieron pérdidas importantes. El crucero Gneisenau sufrió tres impactos del crucero británico Renown. El Crucero Karlsruhe recibió el impacto de torpedo lanzado desde el submarino británico Truant.

Hasta las condiciones climatológicas parecían favorecer a los alemanes, se levantó viento que arrastraba lluvia y nieve. Esto dificultó el trabajo de búsqueda de la Home Fleet, que tuvo poco éxito a la hora de dar con los buques alemanes. Por su parte, los soldados de la Wehrmacht cumplían puntualmente con el plan trazado.

Media hora antes de que diera comienzo la invasión, en las Embajadas del Reich en Oslo y Copenhague se hizo entrega a los respectivos gobiernos de sendas notas. En ellas se indicaba que la invasión se producía para defender la neutralidad de los pueblos noruego y danés ante un inminente ataque por parte de los aliados. Se hacía hincapié en que el objetivo del gobierno Alemán era la ocupación pacífica y que cualquier resistencia sólo llevaría a un derramamiento de sangre completamente inútil.

Los miembros del Gobierno se huyen al interior del País

El 9 de abril fue un día de mucha actividad en el Parlamento Noruego. El presidente fue informado por el Ministro de Asuntos Exteriores sobre los planes alemanes en cuanto tuvo noticias de ellos. A continuación el presidente Noruego, C.J. Hambro, reunió a sus más íntimos colaboradores en el Storting. Al mismo tiempo se informa al resto de parlamentarios utilizando el conocido sistema de bola de nieve. También se les indica que se desplacen al norte, a Hamar que está a 90km de Oslo, aunque finalmente se deciden por Elverum ante el rápido avance alemán.

El gobierno también se desplaza hasta esta ciudad. Antes de partir, el ministro de asuntos exteriores, Halvdan Koht, se pone en contacto con la Agencia de Noticias Noruegas, Norsk Telegrambyra, para comunicarle que el Gobierno proclama la movilización general. Poco después la radio de Oslo transmite la noticia.

Desarrollo de las Operaciones Militares

Al cuartel general de la X División del Aire situado en Hamburgo no paran de llegar malas noticias. La primera escuadrilla de transporte, compuesta por 29 aviones, no ha conseguido orientarse por culpa de la niebla y no lanzó a sus paracaidistas sobre su objetivo, el aeropuerto de Oslo-Fornebu. Incluso dos de los aviones han terminado por chocar entre ellos, cayendo al mar. El jefe del III Escuadrón de Transporte, teniente coronel Drewes, da la orden de regresar.

Según las órdenes impartidas por Göring, si los paracaidistas no podían saltar, todos los transportes debían regresar a sus bases. En el cuartel general, Freiherr von Gablenz, jefe de la organización de los transportes, trataba de convencer al general Geisler de que la operación debía continuar. Alegaba que los aterrizajes podían realizarse en campo abierto y que las tropas de Infantería podrían aniquilar cualquier resistencia con la que se topasen. Insistió en dejar la decisión de intentar el aterrizaje en manos del primero grupo de transporte.

Su insistencia se debía a que, si no se lograba el objetivo de tomar tierra en Fornebu, los aviones deberían dirigirse hacia Aalborg por falta de combustible. Pero este campo de aviación, aunque en manos alemanas, se encontraba abarrotado de aviones.

Sin embargo el general Geisler ordenó la retirada a los Grupos de Transporte.

En el frente el capitán Wagner, al mando de tres transportes Ju 52 con soldados del Regimiento de Infantería 324, recibió la orden de regresar a la base. Al encontrarse tan cerca del objetivo y, según su criterio, ser una orden tan absurda, la atribuyó a alguna estratagema del enemigo. Lo que más le hizo desconfiar fue que utilizaron el indicativo «X División del Aire» , cuando su mando directo era el jefe de transporte, y era el único del que recibía órdenes. Así que el capitán Wagner decidió continuar hacia su objetivo. Sus pilotos eran hombres entrenados en aterrizajes a ciegas y con mal tiempo. Al llegar a Fornebu, dio la orden de aterrizar pero fueron recibidos por ametralladoras enemigas que mataron al capitán y a algunos soldados. El piloto del Ju 52 abortó el aterrizaje y emprendió la vuelta.

Un poco antes de la llegada de los transportes a la zona de Fornebu, había llegado el Grupo de Caza 76 formado por seis Me 110. Estos sufrieron el ataque de nueve Gloster-Gladiator noruego, aunque los anticuados biplanos noruegos no tuvieron ninguna oportunidad y rápidamente fueron derribados por los Me 110. También acabaron con la artillería antiaérea, quedando como defensa algunos nidos de ametralladoras.

¿Dónde están los paracaidistas? 

Uno de los cazas alemanes fue alcanzado, así que intentó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto, mientras los noruegos seguían disparando sobre él. Otros dos cazas se quedaron sin combustible y también tuvieron que tomar tierra, junto con un transporte.

Mientras esta escena se desarrollaba, por el principio de la pista de aterrizaje se acercaba algo que a todos los allí presentes se les antojaba muy surrealista. Un gran vehículo americano de color azul celeste avanzaba hacia ellos. En su interior se encontraba el capitán de aviación Spiller, agregado militar en la Embajada de Oslo. Su primera pregunta al llegar fue, ¿Dónde están los paracaidistas?

Lo que no sabían los presentes era que el capitán Spiller tenía una misión muy delicada que dependía de los paracaidistas. Sin embargo estos llegaron demasiado tarde y ya no pudo cumplirla. El capitán tenía que tomar bajo su custodia al rey de Noruega. Debido a la tardanza de los paracaidistas, el rey noruego ya no estaba en Oslo, si no de camino a Elverum. El capitán Spiller, acompañado de los paracaidistas, persiguió al rey pero fracasó en su intento al encontrarse una fuerte resistencia militar noruega en el pueblo de Midtskogen. Los alemanes no tuvieron más remedio que retirarse. En la lucha fue abatido el propio capitán Spiller.

Los transportes con el Regimiento de Infantería 324 siguieron aterrizando durante la tarde. Al caer la noche, Oslo se encontraba bajo el control de la Wehrmacht.

En Frederikstad la ocupación fue más parecida a una excursión que a una batalla. Los soldados alemanes, en su mayoría jóvenes y muy bien equipados, llegaron a Frederikstad en 30 autobuses con matrícula de Oslo. Los noruegos, en su desconcierto, habían olvidado volar los puentes, lo que facilitó el avance sin contratiempos de los alemanes. Al llegar a la ciudad los soldados cantaban animadamente en los autobuses. Tomaron la ciudad sin encontrarse la menor resistencia.

El aeródromo de Stavanger-Sola, fue tomado por paracaidistas del Regimiento I que aterrizaron en doce transportes Ju 52. Eliminaron rápidamente los nidos de ametralladoras que había en la zona y limpiaron los rollos de alambradas que habían colocado los noruegos como obstáculos.

La toma del aeródromo de Stavanger-Sola, junto con el de Fornebu, por parte de los alemanes era vital para la invasión.

Narvik

La situación en Narvik era muy complicada. El 10 de abril habían aparecido cinco destructores británicos que pertenecían a la segunda Flotilla de Destructores. Consiguieron enviar a pique a dos destructores alemanes y dañar gravemente a otros dos. Lo que significaba no sólo la pérdida de los buques, si no del material necesario para las tropas de tierra. El general Dietl y sus cazadores de montaña habían conseguido desembarcar pero no tenían armamento pesado. Hasta el 13 de abril tan sólo habían recibido en Narvik una batería de montaña, algunas granadas y unos cuantos proyectiles.

Mientras tanto Churchill veía cómo su propuesta de desembarcar en Trondheim con la protección de la Flota, fue rechazada por el Almirantazgo y por el Ejército. No querían arriesgarse a un desembarco en esa zona debido a la supremacía aérea alemana.

Se decidieron por otra estrategia. Prepararía los pocos enclaves que habían conseguido conquistar en Noruega para el aterrizaje de los transportes de tropas. El 15 de abril conquistaron Namsos, a 160 kms al norte de Trondheim, y el 18 se hicieron con Aandalsnes, a 250 kms al sur.

Los británicos tenían una espina clavada con el aeródromo de Stavanger-Sola, así que intentaron destruirlo bombardeándolo. El crucero Suffolk fue enviado a la zona el 17 de abril. Durante siete largas horas estuvo disparando su artillería sobre el aeródromo. Y durante siete largas horas, sufrió el ataque de la aviación alemana. Finalmente tuvo que retirarse, con el agua barriendo la cubierta y muchas dificultades, navegando más sumergido que en superficie, consiguió arribar a su base de Scapa Flow.

Esa fue la primera vez en la guerra que los británicos comprendieron que de nada servía dominar los mares si no se dominaba el cielo.

Franceses y británicos abandonan el campo 

La vanguardia de la División 196, poco después de tomar Oslo, comenzó su avance hacia Trondheim y Aandalsnes. La infantería alemana, junto con los paracaidistas, se abrió paso más rápido de lo previsto. Y todo ello, a pesar de los obstáculos que se les fueron presentando, desde voladuras de puentes hasta barricadas, además de la resistencia armada noruega.

El 23 de abril, en Lillehammer, se juntaron las fuerzas noruegas en retirada con los miembros de la Brigada 148 británica. Se vieron obligados a huir hacia el noroeste bajo el fuego de los Stukas alemanes. Los efectivos británicos que habían llegado a Trondheim tras desembarcar en Namsos a 80 kms, también se vieron obligados a dar la vuelta. Cuando llegaron a Namsos de vuelta, los soldados británicos, que estaban agotados y helados, se encontraron con un Regimiento de Cazadores de Montaña francés. Ni siquiera con la unión de los franceses se pudo hacer algo y, el 28 de abril ambos regimientos volvieron a embarcar en sus buques.

Los británicos que se encontraban en Aandalsnes tampoco estaban en las mejores condiciones y tampoco pudieron hacer frente a los alemanes sin el apoyo de la aviación, así que decidieron retirarse también.

El 10 de junio de 1940 finalizaba la Operación Weserübung. Noruega había sido conquistada. Apenas un mes antes habían dado comienzo los preparativos para el siguiente paso: el Plan Amarillo.

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